miércoles, mayo 15, 2024

Duelo

"¿Cómo te separas de algo en lo que invertiste tu alma?: Cortando de tajo con tu interés y todo lo que te lo recuerde.... si realmente amabas algo, ¿no deberia quedar un pequeño rastro?"

- Susan Orlean. "El ladrón de orquideas".

Beso


El beso extraviado venia tocando besos en una serie ordenada. Pero la serie fue interrumpida. Faltaba un beso en esa serie y como los focos de navidad: si falta uno ya nada enciende.
Así se le apagaron los besos, asi que anda por ahí buscando un beso que encaje en la serie para que todo encienda de nuevo.
Un día encontró una refacción. No venía con garantía pero si tenía un cupón por un plan maquiavélico y emocionante. ¡Sorpresa! ya la serie encendía de nuevo, era cosa de un verano.

9/9/06

Los lentes de Carl Sagan

Los lentes de Carl Sagan miraron el universo desde esta mota de polvo en el espacio. Se llenaron de sorpresa interminable frente a la grandeza y la pequeñez. No somos más que una guerra microscópica, lo que nos duele no prospera en el cosmos, lo que nos alegra tampoco. Solo en nuestra mente está la importancia de los sucesos que nos aquejan. Con los lentes de Carl Sagan, miro mi dolor y ya no importa, así que prefiero enfocarme en mi alegría, que si bien, tampoco importa, es más placentera.

Soliloquio del Farero - de Luis Cernuda




Soliloquio del Farero

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...
De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en tí, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en tí los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.
Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.
Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en tí misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.
Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y ergido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aun cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?
Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.


Autor: Luis Cernuda